domingo, enero 09, 2005

De algún programa de presa rosa

Ayer por la noche me quedé en la cocina catatónica frente al televisor. Bárbara Rey hablaba de su tormentosa relación con su exmarido, Ángel Cristo (sólo ahora me doy cuenta que, de ser sus verdaderos apellidos, los hijos del matrimonio llevarán tras su nombre la coletilla de Cristo Rey). Mientras vivieron juntos él la maltrató, se separaron, y hubo enormes problemas en su relación posterior, que desembocaron en una especie de guerra emocional y rencor sordo. Pero este no es el caso. El caso es que años más tarde, Ángel Cristo cayó enfermo. Ya sin fama y relegado al olvido por seguidores, familia y amigos, Bárbara Rey y sus hijos acudieron a su lado, de donde no se separaron hasta verlo recuperado de su larga enfermedad.

Es un cotilleo de prensa rosa sin trascendencia, lo sé, pero cuando le oí decir que Ángel Cristo era el hombre que más la había querido y que más daño le había hecho, empecé a pensar en los hombres de mi vida, en el amor, en el desamor, y también, por qué no decirlo, en el rencor sordo y la indiferencia ensayada que sigue a la ruptura de una relación cuya única base de subsistencia era el amor terco, en raizado y firme. Y es que hay amores basados en miles de cosas diferentes. En la confianza, en el respeto, en la igualdad de caracteres, en el sexo, en la conveniencia, en el afecto rutinario... Y yo soy muy consciente de los pilares que sustentan cada una de las relaciones de afecto que mantengo, ya sea con mis parejas (que tampoco han sido tantas: dos), con mis amigos (que tampoco son numerosos – soy una mujer de afectos fuertes e indiferencias marcadas) o con mi familia.

Me gustaría hablar de amor. Describir con palabras las sensaciones que me dejó clavadas en la carne el sueño de esta noche, en el que mis dos amores se encontraban, se perdonaban y se entendían hasta el punto de llegar a crear fuertes lazos de complicidad para envolverme y protegerme de mi misma, de mis fantasmas, mis pesadillas y el amor derrochado por ellos, para ellos, y a pesar de ellos. Pero no logro hablar de amor sin hablar de desazón y causas perdidas. ¿Por qué siempre ese sentimiento de pérdida irremediable?¿Es consustancial al amor o sólo a mi modo de vivirlo?

viernes, diciembre 10, 2004

Amores, desengaños y lágrimas

Existen amores y amores. Una de esas clases de amor es el amor ciego e idealizador en el que, más allá de la relación sentimental, se piensa en la otra persona como el ser más caritativo, bondadoso y humano del planeta. Pero el sentimiento que nos colma no hace sino engañarnos, y prueba fehaciente es el desengaño posterior. Mi actual desengaño, si puedo decirlo. Mi desgarrador desengaño.
He regresado a España con la noticia fatídica de que mi padre se moría. No es fácil estar lejos y levantarte un buen día con el sonido del teléfono y los malos agüeros que, gracias a Dios, parece que finalmente no van a cumplirse.
Lo primero es lo primero. Coger un avión, rezar, dar apoyo a la familia, recoger el cariño de la gente a la que uno quiere... El problema es cuando existe un hueco, un vacío de afecto, una persona amada e idealizada que, aunque sin obligación formal, uno hubiese creído con obligación emocional, ética o incluso cívica. Cuando alguien a quien amas te falla en un momento así... ¿qué se ha de hacer? ¿Dejar pasar? ¿Comprender? ¿Excusar?
Mi padre está evolucionando favorablemente. Muy poquito a poquito, pero ya es capaz de respirar por sí mismo y hasta trata de hablarnos. Me ha reconocido a su lado en la UCI y se le ha escapado una lágrima; una lágrima sincera, de las que no tienen precio, de las que se guardan como un preciado tesoro.
No sé bien si soy creyente en el sentido más estricto y católico de la palabra, o debería decir que no sé exactamente en qué creo, pero si hay algo ahí arriba le doy las gracias por esta familia, por la fortaleza y valentía de mi padre que, estoy segura, le van a hacer salir hacia adelante, y por haberme abierto los ojos respecto de los afectos verdaderos y los fingidos. Porque el amor romántico puede ser eterno mientras dura, pero el cariño y la humanidad no deberían tener fecha de caducidad.
Y a mi mayor fracaso y desengaño le digo que por una vez haga lo que siente: "Atrévete a hacer lo que sientes. Si es cierto que en tu pecho no hay nada más que indiferencia; cierra esta página, olvídate de la dirección y no te atrevas a hurgar en mi alma por simple curiosidad."

viernes, octubre 22, 2004

Recordando

Volvíamos de una tarde de imposible reconciliación en la playa. El mar como telón de fondo, y esa claridad que daña los ojos y que le da a todo aspecto de ensueño, de irrealidad. El roce de los cuerpos, el calor, la sal...

Yo conducía, rápido, como siempre, y él temía mi modo de trazar las curvas, decía que era demasiado brusca. Pero los bandazos del coche no eran lo importante mientras me metía mano por debajo de la minifalda y me desabrochaba el cinturón.

Yo me quejaba, le decía que no me desconcentrara, que a aquella velocidad nos íbamos a matar... Pero él seguía, recostado sobre mi cuerpo, con las manos bajo mi falda, sonrisa amplia y clara y arrugas en los ojos de pura picardía.

Y yo me reía, yo me reía...

La felicidad es eso, dejar la muerte de lado y sonreir.

domingo, octubre 10, 2004

Viernes noche. Dos mujeres se disponen a salir de marcha. Alcohol, conversaciones ligeras sobre sexo. Borrachera, acid jazz, la policía en la calle y un vecino llamando a la puerta. Demasiadas risas, demasiado desenfreno, demasiado Bacardi. Se acabó la botella. Cálzate los tacones. Ponte maquillaje, rimmel, sombra de ojos, raya negra, colorete y pintalabios. Rojo encendido, del color de la camiseta anémica y la ropa interior escasa.¿Soy yo quién controla los tacones, o ellos los que me dominan a mí?Más alcohol. Todo sabe igual. Hacer cómplices, dar teléfonos falsos, huir de bocas, lenguas y manos, relacionar caras, recordar nombres, desabrochar botones... Recordar...Cierra un bar. Arrastrarse hasta otro. Pedir una copa, da igual de qué. Hombres que quieren besarte "te vas a quedar con las ganas", hombres que te quieren llevar al motel "mejor que se hagan una paja", hombres que te hablan de Charles Dickens y Oliver Twist. ¿Qué coño hace en mi vida Charles Dickens un viernes noche?Cerrar un garito tras otro. Cerrarlo todo. Dominar las botas hasta casa, cuesta arriba. Desnudarse. Tirarse en la cama. Dormir hasta que la sed arrasa, la cabeza estalla y el estómago no aguanta más... ¿Vomitar? Nunca.Lagunas, mares, océanos. Coge el coche, vuelve a casa y trata de no marearte ni vomitar. Tengo frío, tiemblo, desfallezco. Ventanilla baja. Llueve, vienta. Acid jazz a todo volumen. Luces cortas, luces antiniebla. Soñar con que la vergüenza es pasajera.No more Bacardi limón.

lunes, septiembre 27, 2004

La vache jaune

Hace unos meses me compré un puzzle de 1500 piezas con el cuadro de Franz Marc “La vache jaune”; esto es, “La vaca amarilla”, con el objeto de pasar las horas muertas, que por entonces no eran pocas. Como el entretenimiento ocupaba un espacio considerable, mi madre relegó la obra maestra destinada a ocupar mis horas de ocio primero a debajo de mi cama y, más tarde, al raquítico espacio situado bajo el sofá del salón. Visto lo visto, no quedó más opción que salvarlo de su abandono y del ataque inminente del polvo, y entregárselo en depósito a una amiga que vive sola y que, para pasar sus horas de aburrimiento, había tenido la misma idea que yo, dedicarse a poner piezas, quitar piezas, comparar formas y colores… En fin, a crear una realidad con sentido a partir de un montón de detallitos sin significado y uso aparente.Y he de decir que los rompecabezas se nos dan bastante bien, así que quizás tengamos que empezar a ver la vida en formas y colores. Fuera sentimientos y opiniones, fuera miedos y rencores. Pensemos en verdes, en azules que se mezclan. Pensemos en un cóncavo, en un convexo… ¡y hagamos que todo case y cobre sentido!

Esto es amor

Esto es amor
"Esto es amor, quien lo probó, lo sabe"
(Lope de Vega)

La mente se resiste a olvidar las cosas hermosas,
se aferra a ellas y olvida todo lo doloroso,
mágicamente anonadada por la belleza.

No recuerdo discursos contra mis débiles brazos,
guardando la exacta dimensión de tu cintura;
recuerdo la suave, exacta, lúcida transparencia de tus manos,
tus palabras en un papel que encuentro por allí,
la sensación de dulzura en las mañanas.

Lo prosaico se vuelve bello
cuando el amor lo toca con sus alas de Fénix,
ceniza de mi cigarro que es el humo
después de hacer el amor,
o el humo compartido,
quitado suavemente de la boca sin decir nada,
íntimamente conociendo que lo del uno es del otro
cuando dos se pertenecen.

No te entiendo y quisiera odiarte
y quisiera no sentir como ahora
el calor de las lágrimas en mis ojos
por tanto rato ganado al vacío,
al hastío de los días intrascendentes,
vueltos inmortales en el eco de tu risa
y te amo, monstruo apocalíptico de la Biblia de mis días
y te lloro con ganas de odiar
todo lo que alguna vez me hizo sentir
flor rara en un paraíso recobrado
donde toda felicidad era posible
y me dueles en el cuerpo sensible y seco de caricias,
abandonado ya meses al sonido de besos
y palabras susurradas o risas a la hora del baño.

Te añoro con furia de cacto en el desierto
y se que no vendrásque nunca vendrás
y que si venís seré débil como no debería
y me resisto a crecerme en roca,
en Tarpeya,
en espartana mujer arrojando su amor lisiado para que no viva
y te escondo y te cuido en la oscuridad
y entre las letras negras de mis escritos
volcados como río de lava entre débiles rayas azules de cuaderno
que me recuerdan que la línea es recta
pero que el mundo es curvo
como la pendiente de mis caderas.

Te amo y te lo grito estés donde estés,
sordo como estás
a la única palabra que puede sacarte del infierno
que estás labrando como ciego destructor
de tu íntima y reprimida ternura que yo conozco
y de cuyo conocimiento
ya nunca podrás escapar.

Y sé que mi sed sólo se sacia con tu agua
y que nadie podrá darme de beber
ni amor, ni sexo, ni rama florida
sin que yo le odie por querer parecérsete
y no quiero saber nada de otras voces
aunque me duela querer ternura
y conversación larga y entendida entre dos
porque sólo vos tenés el cifrado secreto
de la clave de mis palabras
y sólo vos pareces tener
el sol, la luna, el universo de mis alegrías
y por eso quisiera odiarte como no lo logro,
como sé que no lo haré
porque me hechizaste con tu mochila de hierbas
y nostalgias y chispa encendida
y largos silencios
y me tenés presa de tus manos mercuriales
y yo me desato en Venus con tormentas de hojarasca
y ramas largas y mojadas como el agua de las cañadas
y el ozono de la tierra que siente venir la lluvia
y sabe que ya no hay nubes,
ni evaporización,
ni ríos,
que el mundo se secó
y que no volverá jamás a llover,
ni habrá ya nieve o frío o paraíso
donde pájaro alguno pueda romper
el silencio del llanto.

Gioconda Belli

sábado, agosto 28, 2004

Etéreo

Abro los ojos, hinchados aún. Me cuesta ver el sol por la mañana, pero lo prefiero ahí, alumbrando la oscuridad de mis días. No podría soportar el gris perpetuo del cielo plomizo, agarrado a mis entrañas, la lluvia eterna colgada de mis pupilas como un pozo de bilis negra de espanto.

Camino huyendo de mi sombra, borrando mis huellas sobre el asfalto, tratando de no agitar el viento, de no rasgar el aire con la materia casi inerte que me da forma. Soy casi un fantasma, casi un suspiro. Soy el alma en pena que te sigue a todas partes, la esencia amorfa y vulnerable que se cuela entre tus labios y la boca que ahora besas como me besabas.

Llega la noche y te aproximas nuevamente, inexorablemente, en la rutina del beso. Y mientras te acercas, cuando ya puedo sentir tu aliento tibio y los ojos comienzan a retorcerse en su bizquera, me creo real, me creo de sangre. Me aprietas, me aprisionas entonces entre dos muros de carne. Y mientras me deformo, mientras me agitas con tu lengua, llenándome de una saliva destinada a otra, empiezo a comprender mi triste realidad de mujer invisible y cierro los ojos hinchados para que, por lo menos, no puedas intuir que ellos, aun siendo etéreos, también bizquean.

viernes, agosto 27, 2004

Cansada de esperarte

Mi cama está poblada de fantasmas sin nombre, de siluetas absurdas que me siguen aquí y allí a través de mis sueños, arrastrando las cadenas del inefable amor que un día nos profesamos. El silencio se rompe como un cristal, dejándome las astillas de los segundos que compartimos ancladas sobre la carne fría, cansada de esperarte.

Stream of rage

Tú estás ahí, agazapado en la niebla, oculto en lo más oscuro, esperando el momento de venir a desvelar mis sueños, agitar mi pecho, profanar mi duelo, atizar mis miedos...

Y la espera es tediosa, el pensarte dañino, el odiarte venenoso, el ansiarte cansino, lastimoso, abyecto, repugnante, vomitivo, absurdo, cruel.

Me cansas. Me abominas. Te desprecio.

Vete de aquí. Sal de mi alma. Libérame de tu esencia y deja que, de una vez por todas, pueda dejar de amar tu recuerdo.